El Hombre de mi Vida

 

 

 

El Hombre de mi Vida
Primer octubre
del Año del Gran Amor

 

 

“El aburrimiento es un cálido paño gris que por dentro está cubierto con el forro de seda más ardiente y colorido. En este paño nos envolvemos cuando soñamos. Entonces estamos en casa en los arabescos de su forro. Pero el que sueña se ve gris y aburrido bajo [esa cobertura]. Y cuando luego despierta y quiere contar lo que soñó, la mayoría de las veces sólo comunica este aburrimiento. Pues ¿quién podría, de un solo golpe, volver hacia fuera el forro del tiempo? Y sin embargo, contar sueños no significa otra cosa.”

 

Walter Benjamin, El aburrimiento, eterno retorno
Libro de los Pasajes

 

 

 

El febrero pasado, unos pocos días antes de cumplir años, fui a una bruja en el conurbano. Ella me dijo que en octubre aparecería el hombre con quien tendría la Gran Historia de Amor de mi vida. No quedó claro si ya lo conocía o no. Esperé el comienzo de octubre desde entonces. Este es el registro diario de los hombres que aparecieron a lo largo de ese mes. De cada uno pensé –al menos por un momento– que era el Hombre de mi Vida. La bruja también me dijo que no sería mi última pareja, es decir, que tendría una gran historia de amor pero que eventualmente me separaría. Después de años, supongo. Por el momento –me dije– y porque no me gusta adelantarme tanto a los eventos, viviré la historia como si fuera para siempre. Además, claro, es la única forma.

 

 

 

1
OCTUBRE
El hombre de la desinfección. Un día por mes me tocan el timbre a las 8.30 de la mañana para echar veneno en la cocina, en el baño, y reprimir así plagas urbanas. Hoy abrí la puerta dormida, despeinada y bajo las innumerables capas de ropas colgantes que uso porque soy muy friolenta. El hombre era otro al habitual, un pintor contratado por el consorcio que me miró algo sorprendido. ¿Será él? Creo que extraño al desinfectador.

 

2
OCTUBRE
Ese chico rubio y ultraterreno, de labios entreabiertos y ojos entrecerrados que probablemente no vuelva a ver en mi vida. Flotaba en los pasillos de Retiro mientras yo volvía caminando victoriosa a mi casa –apaleada y victoriosa– después de un día de duras pruebas espirituales, emocionales y de resistencia, escuchando Herman Dune, sin celular ni dinero. La sensación un poco muerta y trillada desde el comienzo: la-cara-que-ves-pasar-en-la-calle; y yo que sigo y soy la misma cara siempre y nada pasa.

 

3
OCTUBRE
Santi es hermoso, oscuro, cálido y gay. Es alto, tiene el pelo muy negro, enrulado y se lo eleva con las manos a cada rato. Hace un mes que nos besamos todos los fines de semana en fiestas; no hablamos ni nos tocamos. Lo conocí hace un mes y cuatro días. La clave es decir: nosotros somos así. Eso es todo, siempre. Ayer, después de nuestro beso agregó: nos vamos conociendo. Y se fue a la otra punta de la pista.

 

4
OCTUBRE
Un chico que estaba de espaldas. Me asomé un poco para verlo pero no lo vi, ni me vio. Su saco me pareció grande y liso, con algo resbalándole por los hombros, como si generaciones anteriores cayeran por ahí. Recuerdo el pelo como si lo hubiera tocado, recuerdo querer ver su nuca (la posibilidad de una nuca en un jardín). Estoy un poco desesperanzada. El envión se terminó.

 

5
OCTUBRE
Dave Gahan. Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Cras scelerisque quis erat at euismod. Ut mattis vehicula efficitur. Cum sociis natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus. Proin tempor enim nibh, et luctus erat aliquam id. Sed ut imperdiet dolor. Mauris elementum mollis aliquet. In hendrerit mi.

 

6
OCTUBRE
Quizás, y sólo quizás, mi ex novio. Aparece en una conversación de un amigo en común, y creo que me conoció más de lo que dijo, lo que lo hace aún más hombre, y a mí más niña. Volver, quizás, y listo. Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Cras scelerisque quis erat at euismod. Ut mattis vehicula efficitur. Cum sociis natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus.

 

7
OCTUBRE
Tiene como un niño detenido en la cara. No sé si le parezco una estúpida, si se divierte o si simplemente estoy tardando mucho en agradarle. Disfruta de un modo casi arquitectónico de medir inteligencias y lucir la suya: construye ideas a las que no adhiere, propone cosas con las que no coincide. Espera. Acecha. Cuando le pido que me mire de frente me dice, serio: no puedo. Lograr que olvide su propio rostro, que olvide su vara y se acerque así, sin mucho más que los brazos al cuerpo y esos párpados hermosos que son como telas exóticas que caen sobre los ojos que se esconden y espían y llevan todo a esa figura de ángel demoníaco que lo persigue.

 

8
OCTUBRE
Su local está justo debajo de mi habitación, y la primera vez que vino a mi casa empecé a hablar y hablar, sólo que él no escuchó ninguna de mis explicaciones. Se alejó en silencio, miró a su alrededor y me miró a mí. Yo quedé varada en la mitad de algo (mi cocina) mirando a una amiga, las dos en silencio esperando no sé qué diagnóstico. Desde entonces se comporta como mi marido: contrata lo que sea y promueve que me realice. Cuando su magia cotidiana hace efecto, sé que sabe que no tenemos mucho en común pero que el exotismo de mis necesidades prácticas y sentidos ocultos le generan respeto y fascinación, y entonces se ocupa de que todo esté resuelto acá, en estas tierras. Su actitud proveedora me resulta viril. Siento su mano invisible en la legión de carpinteros, albañiles, plomeros, silleteros y pintores que desfilan por mi casa para resolver urgencias impostergables que me atormentan cada tres semanas. Hay un lazo adulto y terco y sobrio en esa tercerización, algo muy Orgullo y Prejuicio –lo veo poco y lo nombro mucho–. Yo me obstino en no creerle, en pensar que soy una especie de trofeo raro en el barrio. Pero sí, él es de verdad, lo sé a través de sus amigos porque ellos piensan como yo, y cuando no queda más que reconocerle todo lo que hace, todos caemos en el mismo desconcierto. Pensamos: no lo conocemos tanto. Y tratamos –sin fe– de encontrar el origen de su certeza. Nunca sé cómo retribuirle, pero sé que tiene un plan. A veces esa ecuación me preocupa, como si yo misma estuviera cultivando unas lianas poderosas que van ganando las paredes de la casa. Y además es –de hecho y soberanamente– el padre de las plantas.

 

9
OCTUBRE
Un chico que no conozco, que olía mal, que estaba a punto de tocar con su banda que parecía alemana, y me hacía subir a un escenario y leer algo mientras me daba besos en la mejilla; en un sueño en la siesta de hoy.

 

10
OCTUBRE
El hermoso anglo-coya con enormes gafas que habla por celular en los pasillos de unas oficinas donde hay una muestra de arte contemporáneo. Lleva un traje claro, las paredes son cremita, y él habla y habla mientras se mira en una puerta espejada bajo un enorme 87 blanco. Sabe infinidad de dichos populares y los administra en la charla con un acento un tanto extranjero. Cuando se ríe se enciende como un fósforo que ahuyenta cosas, y además quiere sacarme una foto mientras como una galletita.

 

11
OCTUBRE
Nunca jamás pasará nada que me altere al punto que imagino. Quizás sea una cuestión de voluntad. Hoy estoy estrictamente inductiva. Decepciono a mi psicóloga y no termina de largarse a llover. Humedad.

 

12
OCTUBRE
Apareció en mi trabajo, casualmente, por la mañana. Si bien ninguno recordó el nombre del otro, él se mostró más seguro sobre nuestro efímero pasado de conocidos en común. Recuerdo que cuando entró al local pensé por un segundo: cuánto desaliño, está en falsa escuadra. Hasta ahí, nada. El momento fue tarde por la noche, cuando llegué a mi casa y vi un mail suyo con su myspace, un saludo, un signo de “!” como subject y su novela inédita, entera. Pensé: está desesperado o le gusto o es lo mismo. –Te conocí cuando eras actriz –me había dicho más temprano. Recordé: yo corría frente a la cámara con unas enaguas blancas que habían sido de mi abuela, descalza, hacía mucho frío y atravesaba un túnel que estaba detrás de la estación de Once –se clausuró un tiempo después–, desesperada, sin sonido. Eso nunca se editó. Él ahora hace rock financiero.

 

13
OCTUBRE
“Tranquila, él sabe adónde ir.” Y además, sé que no debo confundir belleza con amor. Pero qué tentación.

 

14
OCTUBRE
Recordaba la elocuencia histórico-dionisíaca de un profesor enardecido y la demostración práctica de cómo el calor baja desde la cabeza y de cómo las neuronas son las que comandan todo. Recordaba esa especie de circo romano de pupitres colmado de hembras impávidas y sedientas, todas dejándose ir en ese arrastre intelecto-oratorio, pensando en el más allá de esas palabras y en el justo acá de cada una (afortunadamente, la cultura está basada en tabúes). Y cuando fui por más de eso lo encontré en un sillón, a media luz, con unas manos que llegaban a su hijita, a sus libros, a sus colecciones, como topándose con todo y como si todo fuera de otro. Me dio consejos sobre el amor, sobre cómo no esperar al hombre de mi vida, desarrolló una historia de las relaciones amorosas desde los años 40 a la actualidad. Me hizo dudar de todo. Hasta hoy, que fui a su casa y no estaba su hija ni había rastros de su mujer: tengo que decirte que no porque me separé hace cuatro meses, por cuarta vez, de la misma mujer. Lamentablemente, los hombres somos sólo personas –y levantó los hombros caídos. Después me dijo: lamento decepcionarte. Y yo: está bien así. Y me fui esquivando perros y aferrada a mi búsqueda, viendo viejitas que se paraban a mirar las copas de los árboles. No me decepcionó y ese es mi triunfo, soy su excepción.

 

15
OCTUBRE
El hombre del depósito de libros. La primera vez que lo vi fue unos meses atrás, yo no pude hablar y él abrió sus ojos como platos. Me dijeron: es tímido; pensé: vive con la madre. Es específico, concreto, y a la vez está como des-realizado, tal vez porque nadie piensa en él. No sé. Hoy lo vi de nuevo. Nada que ver. Promediaba la mañana y lo espié: permanecía parado mirando la nada, su cara dentro de su pulóver negro, sacándose mocos chiquitos y tarareando algo agudo. Sus ojos como platos y esta vez no era yo.

 

16
OCTUBRE
Cazo mis fantasías como a gallinas en la pradera (todas con esa elegancia, ellas y yo). Cuando atrapo a una la agarro del pescuezo y la sermoneo, la insto a que haga algo útil. No hay caso, la gallina no importa, tengo que quemar el gallinero.

 

17
OCTUBRE
Que alguna fuerza –y no la mía– lo (a)traiga. Un amor de combustión espontánea y del todo inexplicable, porque es-po-de-ro-so-es-her-mo-so. Lo sé, vive en el estalinismo del frenesí y yo quedo muy lejos. No importa; lo agarro, lo cambio y me lo quedo. Sus sombras en los ojos, en los huecos que se arman, sus sombras activas que llaman y me despegan del mástil y me llevan a esa amenaza, a esa especie de nube densa y tórrida en la que me siento un poco sola. Y mientras me autodeclaro rechazada pienso en cómo serán sus gestos en la intimidad, si tendrán demasiado oficio o si podríamos encontrar algo juntos. Pienso en qué haría yo para llegar ahí; o mejor, en cómo llevarlo a él hasta ahí, a la retaguardia de la sensación, a la unión conservadora del embeleso arbitrario y excluyente (somos tantas y tan especiales). Hoy me dijo que sí a caminar. Y se puso a hablar, creo que para alejarse un poco, y miraba hacia arriba a la derecha, donde debían estar las anécdotas de las que hablaba. El plan consistió entonces en juntarnos para fugarnos uno del otro. Igual, ¡ánimo!, juraría que se inhibió, como si su modo de dejar de ser su cuerpo extasiado y volverse un hombre para alguien –para mí– fuera volverse un poco niño.

 

18
OCTUBRE
Uno de los sepultureros de mi abuela, el que tuvo más cuidado y el que fumaba sentado a la sombra, semiescondido tras una bóveda cercana mientras el hasán cantaba a cappella, bajo el sol y detrás del sonido del tren. El humo de su cigarrillo y su muñeca relajada en el aire, sobre su rodilla, me recordaban que la vida no se estaba deteniendo para todos, sino sólo para ella. Quise ser algo –cualquier cosa– que estuviera cerca de esa mano.

 

19
OCTUBRE
Nadie nada nunca y no me importa. Miro por la ventana y pienso en una bandada de hombres, la mayoría con audífonos, que atravesé esta tarde. Me tuerzo como una planta hacia el sol. Es una calidez impersonal, es una calidez que vuelve; narcisismo.

 

20
OCTUBRE
El corazón es un niño, espera lo que desea. Proverbio turco.Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Cras scelerisque quis erat at euismod. Ut mattis vehicula efficitur. Cum sociis natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus. Proin tempor enim nibh, et luctus erat aliquam id. Sed ut imperdiet dolor.

 

21
OCTUBRE
Un día común. Llego a casa y me encuentro con una carta manuscrita enviada desde esta ciudad. El remitente es mi amigo más antiguo, el que se divierte más: En un sueño me presento ante la Esfinge. La Esfinge tiene tu mirada y le pregunto si soy un fugitivo. Dice: sí, fugitivo del código. Lo dice en inglés, fugitive of the Code. Busco ahora, despierto, la palabra code en el diccionario y encuentro esto:

code |kōd| noun. 1 a system of words, letters, figures, or other symbols substituted for other words, letters, etc., esp. for the purposes of secrecy: the Americans cracked their diplomatic code | sending messages in code.  a system of signals, such as sounds, light flashes, or flags, used to send messages: Morse code.  a series of letters, numbers, or symbols assigned to something for the purposes of classification or identification: the genetic code | calls with either code will work in the 201 area. 2 computing program instructions: hundreds of lines of code | assembly code. 3 a systematic collection of laws or regulations: the criminal code.  a set of conventions governing behavior or activity in a particular sphere: a dress code.  a set of rules and standards adhered to by a society, class, or individual: a stern code of honor.

En el sueño pienso que la Esfinge tiene razón, she knows better, y sigo caminando.

 

22
OCTUBRE
No. Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Cras scelerisque quis erat at euismod. Ut mattis vehicula efficitur. Cum sociis natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus. Proin tempor enim nibh, et luctus erat aliquam id. Sed ut imperdiet dolor. Mauris elementum mollis aliquet. In hendrerit mi.

 

23
OCTUBRE
Su sensibilidad ultradesarrollada, sofisticada, francesa y autocanibalizante de sí. Su cuerpo flaco y volátil y su ropa de los ´80, su coquetería extrema y absolutamente todas sus opiniones. Su acento cuando dice estoy chocho. Todo Oriente punza desde sus ojos porque su madre es de Túnez y es como tener mis propias mil y una noches en La Boca, en la profundidad del silencio y de las jaurías de perros nocturnas, en el fondo del mate y del sabor amargo de sus Parisiennes. Cuando nos juntamos, sentarme en ese escalón y hablar de esas cosas es lo mejor que puedo hacer conmigo misma; perdemos el tiempo e igual pareciera que eso tiene algún sentido que no sabemos ni intentamos averiguar. Nunca termino de entender cómo se llama. Es talentoso pero siempre se entusiasma con lo que no le piden. Tiene poco para perder y quién sabe qué le importa de verdad en este mundo, pero pareciera que hay algo que le gusta y cocina como en Sarkis sólo para mí. Cuando se conmueve con algo me busca e insiste: ¿estás bien? Pero si hay más gente se vuelve frívolo, demandante y huidizo, y entonces me pongo triste y tomo taxis y pienso en otros. Sé que el asunto entero es un cliché, pero ¡ay! si al menos no quisiera hablar con él todos los días, si no quisiera tenerlo pegado a mí, oliendo a canela en inauguraciones y mirándome así.

 

24
OCTUBRE
Vuelvo después de horas a la computadora, tardísimo a la noche, y encuentro esta frase ya callada al final de un chat muerto: –A veces pienso que me gustaría ser corresponsal de guerra.
 

 

25
OCTUBRE
Mantener viva la intimidad, y creer a veces que lo hago sola, y a veces no. Saber que le sigo diciendo que sí a preguntas que ya no me hace. Y la mía, que tiene vida propia y que no busca nada pero se hunde: Why was I made so perfect for you and placed so far away?

 

26
OCTUBRE
Está todo el tiempo hablando del mundo y hay días en que todo es una mierda, es evidente; y hay días en que todo –si lo pensás bien– es maravilloso. No sé, me habla de brumas en China que suben y rocío en Mongolia que baja mientras flamea los brazos en la vereda. Me anuncia cosas entre advertencia y pregunta: con Chi Kung necesito respirar menos, la cárcel somos nosotros, las harinas son veneno, voy a fabricar discos de vinilo, el cuerpo es chino, de los valles, etc. En los bares es un animal de barra, en las mañanas es judío iconoclasta y algunas tardes se calla y dejamos que su camisa de franela se estire y se caliente al sol. Es imprentero, es tanguero, es noble, es irascible. Es retro. Tiene más tiempo que los demás aunque siempre camina rápido y está pensando en meditar. Pero sí, tiene más tiempo porque hace pie en el pasado y creo que es eso: no es un hombre de comienzos, es un hombre de antes, es un hombre que ya estaba. Hay una distancia que siempre habrá entre nosotros y que la descubro cuando lo veo sentado en la mesa de un bar con amigos mayores, tomando y hablando. Están ahí como refugiados durante horas, entendiéndose en esa guerra sorda, compañeros en la debilidad y en esa misteriosa autotraición que es enamorarse. Cuando lo pienso, nos veo sólidos y pujantes –“Seremos lo que hagamos”–, y me imagino por estas calles, e imagino –en fin– que soy feliz y me va bien, así, de manera abstracta y barrial y general y total. Todo es muy exigente y literario. Me veo asintiendo mucho y esperando a que pasen sus tormentas, esperando que bajen el rojo y el humo, esperando que vuelva a mí. Esas estrategias. Que me toque me calma. Que me toque con esas manos que ya no van a reencarnar porque lo saben todo. Su carita cuando se mete bajo mis mantas y tira de la sábana hasta el cuello, y tira todo el resto de los asuntos afuera, y se ríe bajito, contento. Y dice: llegué. Hoy, cuando dijo: nosotros siempre perdemos el tiempo –y se durmió al instante. Y mientras roncaba, yo me encaprichaba: él no es mío, pero yo soy suya.

 

27
OCTUBRE
Veníamos bien.Mauris elementum mollis aliquet. In hendrerit mi. Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Cras scelerisque quis erat at euismod. Ut mattis vehicula efficitur. Cum sociis natoque penatibus et magnis dis parturient montes, nascetur ridiculus mus. Proin tempor enim nibh, et luctus erat aliquam id. Sed ut imperdiet dolor. Mauris elementum mollis aliquet. In hendrerit mi.

 

28
OCTUBRE
Junto razones como flores que se van. Su energía de choque y retroceso, sus labios temerosos, su fragilidad, su cama olorosa, su sensibilidad de neblina baja e intensa, su corazón en eclipse constante y su redundante amor por The Cure. Es menor –¿más liviano?– y se ató y desató de mí más rápido de lo que yo hubiera querido. Deseado.

 

29
OCTUBRE
Ese que se fue y un día apareció de entre los árboles que le dejé para que volviera si quería. En nuestro fugaz edén, recuerdo que entró primero caóticamente en mi espacio, y que cuando se estaba por ir, se dio vuelta y entró. Y obtuvo correspondencia rápida. Y volvió para decir que podía empezar. Y se quedó en mí un rato, primero al costado, pero después un largo rato alrededor mío. Apareció hoy, después de mucho, con: sos más linda que Lost, y yo: ajá. No sé qué decir, y la verdad es que cada vez que se acerca me siento medio ahogada en mi propia rutina. Me asfixio. Pero el viento que generan sus movimientos, el viento de su histeria, al menos me hace pasar el día.

 

30
OCTUBRE
Un amigo nuevo que me pregunta que dónde estoy, que por qué no estoy viendo al grupo, que me dice en el teléfono: venííííí. Se me achican los ojos mientras sonrío hasta que de repente pienso, alarmada: ¿cuánto querrá que me acerque?

 

 

Lo que encontré el 31 está aferrado a la materialidad: libro y muestra.
Nada se detiene nunca en la casa del corazón.
En las tierras de la ensoñación, un final es como un honguito común y silvestre: nadie le presta atención.

 

 

 

Octubre me dejó muchas cosas, entre ellas, una serie de pensamientos de tiro más bien corto. Así, algunos días de noviembre llegué a:
Mi fantasía es una hija bastarda de la realidad.
Mi mundo interior es un búnker cálido que me preserva de la mediocridad y de la intemperie que me rodea.
Mi reino es vasto y lo componen las profundas tierras de la ensoñación.
Mi tesoro está oculto adentro, muy lejos dentro mío.
Mi tesoro es individual.
Mi tesoro soy yo.
Mi tesoro es mi relato.
Soy mi propia ficción.

Y después pensé:
Mi secreto se construye con ruido y con silencio.
Es eficaz.
Se usa en la casa de la mente y del corazón y se fabrica masivamente y a medida.

Y:
Mi tesoro es estándar.
Mi relato es una copia.
Mi reino no es mi reino.
Soy común.