Salteñas

salteñas 
(fragmento - trabajo en progreso)

 

Fui a Salta para esconderme. La primera vez, y todas las siguientes.
Lo logré. Recuerdo ‒en uno de mis viajes más largos‒ haber estado los tres primeros días en un colchoncito en el piso, en una casa amiga (una casa silenciosa y por momentos vacía) en el barrio del Huaico. Llovía, el barrio aún se estaba construyendo, aparecían alambres de todos lados, y yo veía a través de la ventana que el agua subía en mi esquina de tierra, las nubes se mantenían bajas, los cerros difusos y que todo quedaba muy lejos.
Miré y escuché por sobre todas las cosas.
Vi La libertad, vi Los muertos, vi Fantasma. Y luego miré a mi alrededor. Me encontré como un personaje de ficción, sin una línea de diálogo precisa, asistiendo en un teatro a otra ficción más compleja, a otras vidas más convencidas de sí mismas.
De manera espontánea me escondí en esas mujeres, en esas alternativas más dulces, más combativas, más mágicas, más convencidas y más inseguras de todo al mismo tiempo; de algún modo, todas más fuertes que yo.
Esconderme y huir han sido para mí lo mismo. Ser extranjera.
Miré también el paisaje y la Salta de los plásticos es la que más cosas me ha dicho. Esas grietas traslúcidas –traidoras y encantadoras al mismo tiempo– tienen mucho en común con las mediasombras, con los pozos en el aire que acumulan sedimentos y con las veladuras de una sociedad antigua.
Fui a Salta para esconderme, esa primera vez y todas las demás. Y el final del escondite contenía ya muchas guerras declaradas.

 

 

 

 

 

   el amor

 

 

siempre tuve pocas cosas materiales, siempre fui pobre pero nunca lo aparenté porque soy una busca de experiencias, de cosas en desuso, de trabajos, de viajes

 

 

no sé bien que se ve en mi porque creo que soy bastante transparente. creo que soy segura y que se ve, que soy loca histérica, con poca paciencia, muy directa, que soy fuerte, que no soy muy cariñosa (aunque con los muy cercanos sí), que soy vergonzosa con algunas cosas porque me pongo fucsia al toque. y creo que no me veo muy sensible, pero sí lo soy, bastante diría

 

 

 

desde hace algunos años mi mamá solo me regala pijamas para mi cumpleaños   

 

me cambio muchas veces de ropa al día, si, pero creo que se nota mi desprolijidad y mi desorden interno

 

 

 

siempre me fascinó ver a las mujeres de mi familia fumar

 

 

 

no creo ser bella, para nada, me encantaría verme bella sin ropa, sin maquillaje, con una sonrisa perfecta, siempre feliz y siempre positiva; pero eso sería ser bella para mi misma, capaz otras personas me ven bella
 
siento que van muy adentro las imágenes
no puedo reconocer los cambios

  reconozco la blancura. igual, no sé si tengo que reconocerla

 

 

 

ya está, es el camino, lo que pasa, lo que se mira, lo que buscaste, lo que encontré... cuando nos miramos

 

 
 
 
 

 

 

 

 

nunca es suficiente
deshacerse del ego,
de la educación,
de las exigencias,
de una misma.
hay que trabajar más duro
-me digo-.
lo mismo.
también confiar en mí y en mi trabajo,
sumar amor, hacer bien las cosas,
no sumar tareas, solo absurdos
insignificancias, incomodidades
 

 

 

 
me aburro en esta ciudad, siento que todo el tiempo tengo que generar las condiciones para hacer lo que me gusta.
le falta delirio, conversaciones interesantes, música, campo profesional y mar

 

 

 

 

 

 
me cuesta mucho verme en las fotos. soy tan yo y eso me cuesta.
me gustaría verme hermosa, esa es la verdad